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martes, 2 de mayo de 2017

Eurovision 2017 o por qué este año me decepciona el festival

¡Holita, amores della mia vita!
Hoy os traigo una pequeña reflexión acerca de la edición de este año de Eurovision. Como supongo que ya sabréis los más
antiguos del blog, desde muy pequeña he sido muy fan de este festival y siempre estaba pendiente de él. Sin embargo, este año me he sentido decepcionada en varios sentidos y estoy desanimada más que nunca. Pero, ¿por qué?
Así que en esta entrada debatiré un poco sobre todo lo que ha sucedido este año, que está lleno de polémica y más polémica. Si seguimos así esto parecerá Sálvame.

Es verdad que ya el año pasado no estuve muy conectada al festival. Creo que desde el cubo de agua helada que me llevé con la posición de Edurne no he podido ver Eurovision de la misma manera. Sin embargo, me agradaba bastante la canción que llevábamos, y aunque sigo pensando que el nivel de las canciones de la edición pasada tampoco era asombrosa, al final terminaron por agradarme varias canciones. En definitiva, terminó por ser un año no tan malo como había pensado al principio.
Al comenzar la temporada eurovisiva de esta edición, reconozco que casi no presté atención a las preselecciones de los demás países. Tan solo me concentré en la nuestra propia, una extraña mezcla entre una elección online y una gala con jurado y televoto. Lo veía un tanto rebuscado, pero por lo menos parecía que TVE buscaba cómo mejorar.
Lo primero fue la elección online, en donde aparecieron varias canciones que no estaban nada mal, y aunque habían un par de canciones que me parecían sobrevaloradas (sin ir más lejos, la canción de Brequette no era tampoco para tirar cohetes; no tenía ni punto de comparación con la del 2014), había un nivel que aunque no era para ganar, sí lo suficientemente bueno para no quedar en ridículo.
La primera catástrofe fue la elección del jurado. Tras la elección de los votantes online, en el que fueron elegidas treinta canciones, una selección de «profesionales del ámbito música» debían hacer la selección más pequeña. Con saber que el líder de ese grupo era çJuan Magán, me llevé las manos a la cabeza.
Eliminaron canciones preciosas y que harían destacar mucho a España (no diré cuáles, porque tampoco es cuestión de plasmar mi opinión aquí) e incluso expulsaron a la anteriormente mencionada Brequette.
En fin, que para la gala final retransmitida por la página web de RTVE quedaron tres finalistas que provocaron que mis ánimos se desmoronasen, de la que salió victoriosa la muy sobrevalorada LeKlein.
Y voy a hacer hincapié aquí, pues esta vez sí que os quiero ofrecer mi opinión. ¿No notáis que la canción de LeKlein era la cosa más repetitiva que existe en Eurovision? ¿Cuántas canciones de ese estilo se han oído ya en el festival? La cuestión es hacernos diferenciar para llamar la atención al espectador, ¿por qué mandamos un estilo ya tan machacado?
Con esa decepción, llegaron los elegidos a dedazo por TVE, que no resultaron ser mucho mejor. Nada llamativo, nada especial. Los dos que más se hicieron destacar fueron Manel, Mirela, que junto con LeKlein se convirtieron en los favoritos.
Aquí fue donde estalló la verdadera catástrofe.
Durante la gala, el vencedor fue Manel, a costa del jurado. Esto fue debido a que Mirela y Manel empataron en puntos, la primera ganando con el público y el segundo con el jurado. Sin embargo, las normas de la preselección (que, aunque no tiene nada que ver, ¿no se pueden currar un nombre mejor? Hasta me da vergüenza decir «Objetivo Eurovision») provocaron que la opinión del jurado prevaleciera. Hasta ahí bien, ¿no?
Pues el problema vino cuando se acusó a Manel de haber hecho trampas. Y es que entre el jurado se encontraba Xavi Martínez, q
ue trabaja en los 40 Principales y que a través de las redes sociales podemos ver que tenían una gran amistad.
El público en plató enloqueció, que aclamaba que Mirela debía ser su representante. Abucheos e insultos resonaron, y la guinda del pastel fue cómo respondió Manel: un corte de manga. Y si os parecía poco, unos «eurofans», que ni deberían llamarse así, esperaron a Xavi y casi le dan una buena paliza (o se la dieron de verdad, ya ni me acuerdo).
Como podéis ver, lo sucedido no fue moco de pavo. Se armo una buena. Y la verdad es que a mí me dejó bastante cabreada. ¿Sabéis por qué?
Escuché las canciones una semana antes de la gala, porque como había estado algo desanimada no me había apetecido mucho escucharlas. Y la que más me llamó la atención fue la de Manel. Tenía un rollito interesante, pegadizo, de las que se suelen escuchar en la radio. Sin embargo, sabía que en Eurovision no tenía nada que hacer, y aunque quizás me coma mis palabras en el futuro (lo dudo, en realidad), creo que vamos a obtener un buen último puesto en mayo.
Por otra parte, la canción de Mirela era típica. Lo que se esperaría de España: rollos latinos, que te transporta a un día a la playa de los que no me gustan nada.  Vamos, que no iba a destacar mucho que digamos.
Hay que reconocer que TVE no hizo bien en elegir a ese jurado. No puedes elegir a una persona que se sabe que tiene relación con uno de los posibles candidatos. Puede dar lugar a conspiraciones maliciosas que después provocarán lo que provocó. No estoy diciendo que haya habido trampa, esa es una opinión que me trago y que no interesa en lo absoluto, sino que su elección puede dar lugar a confusiones y a que la gente piense mal.
Además, Manel tampoco actuó muy bien. No puedes hacerle un corte de manga a la gente a la que vas a representar. Sí, te abuchean, te insultan. Pero no te rebajes a su nivel. Dales una sonrisa y que se aguanten, por no decir algo más fuerte.
Pero lo que más me dolió fue que esa noche me avergoncé de ser eurofan, y mira que nunca lo había hecho.
Por mucho que no te guste la elección que se haya hecho, no puedes hacer lo que se hizo. Es tan malditamente lamentable…  Después dirán por qué España no gana Eurovision. Pues mira, por mucho que me duela decirlo, con unos eurofans tan asquerosamente lamentables prefiero que España no gane nunca. No se lo merecen.
Quitando todo ese asunto de lado, que ya es algo antiguo, pero que algún que otro sigue molestándose en revivir el fantasma del «Manel no nos representa», en el extranjero también habían varios problemas.

Ya he escuchado todas las canciones, y puedo contar con los dedos de una mano las canciones que verdaderamente me han llamado la atención. Y ni siquiera necesito alguno para contar alguna que me haya parecido candidata a ganar, porque no hay ninguna.
No quiero meterme mucho en este tema porque dentro de poco os traeré otra entrada en la que os voy a hablar de las canciones de este año en más profundidad, pero ya os digo que estoy muy decepcionada con el nivel de este año.
Y, por último, solo quiero nombrar otro tema he visto rondar por ahí un poco, y aunque no me he interesado mucho por él (ya que estaba bien harta de la polémica que se monta con cualquier cosa) me parece digno de mención.
Ucrania prohíbe a la candidata rusa entrar al país.
Maldita sea, ¿por qué no dejan sus malditos problemas a un lado por la música? Parece que solo les apetece pincharse el uno al otro. Son peor que Armenia y Azerbaiyán.
¡Eso es un maldito festival de música! ¡Lo que deberían vetar son las cuestiones políticas! Como diría mi querido Romano de Hetalia, SHIKSHO!
El caso, este año Eurovision no hace más que decepcionarme. A veces me preguntó con qué motivo yo me volví eurofan. ¿Para pasar por todo esto? Quizás no valía tanto la pena. A lo mejor debería meterme en el mundo del K-pop y pasar de toda esta movida.
Sé que me extendí bastante con el tema de España y Manel, pero ya en su día quise expulsar todo lo que pensaba, pero me dije que no era adecuado hablar en caliente, y lo dejé pasar. Pero ahora que se acercaba el momento de hablar de las canciones, cosa que también he dejado pasar más tiempo del que me hubiera gustado, pensé que debía contaros mi opinión acerca del tema.
En fin, que ya termino. Esperemos que la cosa mejore de aquí a la semanita especial.

¡Besitos, soñadores!

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