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martes, 23 de mayo de 2017

El yaoi y el amor u odio que genera

¡Holita, amores della mia vita! Bienvenidos a otra entrada más a este bloguesito muy kawaii desu yo ne? Ja, ja. Qué cutre, por dios.

Hoy os vengo a hablar de un tema que me ha rondado durante un tiempo por la cabeza, aunque en realidad nunca pensé hablaros de él hasta hace no más de medio minuto. Y es hablar del yaoi, no tanto como género, sino lo que genera sobre la comunidad otaku. Hablemos de esas fujoshis locas y ese asco hacia ellas, y si es justificado o no.
¡Comencemos!

Antes que nada, debo decir que el yaoi es uno de mis géneros favoritos, junto con el shonen; no sé si podría contar el número de mangas yaoi que he leído desde que empecé en este mundillo. Y no me avergüenzo para nada de que me guste tanto. Al fin y al cabo, fue Junjou Romantica el que provocó que a día de hoy vea anime casi diariamente. Pero a diario también observo que el género provoca dos posiciones bastante opuestas entre sí, y no solo en internet, sino también en mi vida real.

—La fujoshi obsesionada: ama el yaoi con toda su alma, lo ve en todos lados y shippea a cualquiera que mantenga una relación con otro chico, ya sea amistosa o de odio.
—El chico cabreado (porque suelen ser chicos): está harto de que lo shippeen las personas que encajan en la descripción anterior, detesta el yaoi y no quiere saber nada de él.
La verdad es que ninguna de las dos posiciones me gusta. Por un lado, entiendo que a la fujoshi le encante el yaoi; de hecho, yo también lo hago. Sin embargo, adoptan una posición un tanto extremista, en la que pasa a ser excesivo. Porque el chico cabreado no es que sea homofóbico ni nada por el estilo, simplemente le molesta que lo emparejen con otra persona. A mí también me molestaría que me shippeasen con algún chico (o chica) por la cara, sin pensar en mis sentimientos.
Y no tiene por qué aplicarse a la vida real, pues esta fujoshi obsesionada se pasa el día hablando de parejas yaoi ficticias, ya sean canon o no, como si fueran su aire para respirar. No sé, debería haber un límite. No me parece sano.
Por el otro lado, el chico cabreado tampoco debería enfadarse tanto y rechazar el yaoi. Vale, no es tu orientación sexual. La fujoshi se pasa tres pueblos, también es verdad. Pero sigue siendo amor, y el amor siempre es bonito de observar.

«Lo siento, Nayla, pero el yaoi es casi todo sexo».
Ay, mi querido chico cabreado, sabía que ibas a salir con esas.
Porque esa es una de las típicas razones que suelen dar los detractores del yaoi para rechazarlo. «Es todo sexo, para calentar a unas chiquillas con las hormonas revolucionadas». Bueno, no te lo puedo negar del todo. Es verdad que durante bastante tiempo, un 80% del yaoi ha sido orientado para ello. Pero, ¿y qué pasa con ese 20% restante?
(Por cierto, que estas cifras que me las acabo de inventar. No es que haya hecho un estudio ni nada por el estilo, ja, ja).
No digo que pueda haber escenas un poco más subidas de tono. Pero lo bueno que tienen este sector es que tienen una historia detrás. Unos personajes a los que querer. Un argumento con el que divertirse.
«¿Ah, sí? Pues dime una historia que sea así».
Mi manga favorito. Ten Count. Tiene alguna escena un poco más subidita de tono, pero lo que a mí verdaderamente me encanta de este manga es su historia y sus personajes. Por si no lo conocéis, Ten Count cuenta la relación entre Shirotani, un hombre que padece de misofobia, y Kurose, un psicólogo. Cuando se encuentran, Kurose decide ayudar a Shirotani a superar su enfermedad, y así comienzan a apreciarse el uno al otro.
¿Pero sabéis qué es lo peor? Que esta fama que se ha labrado el yaoi ha sido por culpa, al menos la gran parte, de las fujoshis obsesionadas. Buscan el «yaoi hard», quieren más y más, y se enfadan si le recriminan su actitud.

Mis queridos soñadores, me siento orgullosa de no pertenecer a ninguno de los bandos. No me gusta declararme fujoshi, justo porque el nombre está un poco manchado, pero me gusta mucho el yaoi. Y quiero dejar presente algo; todos sabemos de la eterna rivalidad y odio entre el yaoi y el yuri. Yo no he visto yuri, pero le tengo muchas ganas, aunque todavía no he encontrado alguno o no me he animado o qué sé yo. Lo que tengo claro es que lo voy a ver sí o sí.
Creo que deberíamos replantearnos un poco las actitudes que desarrollamos al mirar al yaoi. No está bien irnos a los extremos; al fin y al cabo no es más que un género como otro cualquiera, como el shoujo o el spokon. Está bien que te agrade que dos personas puedan ser pareja, sin llegar a obsesionarte. Está bien que no te guste el yaoi, es normal. A mí tampoco me gustan todos los géneros. Le tengo un raro pánico hacia el gore, y siempre que veo algún mecha rondar por ahí chasqueo la lengua. Pero, por favor. Los extremos son malos.
Supongo que al final esta entrada se me ha quedado un tanto desorganizada. He hablado y hablado, y no sé si he dejado patente lo que os quería transmitir. Pero bueno. Espero que por lo menos os haya transmitido al menos una ligera idea.
Estaré esperando vuestra opinión en los comentarios.

¡Besitos, soñadores!

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